Por estos días se cumplen 12 años del fallecimiento de Domingo Domínguez Luís, una persona suspicaz y genial en lo público y simplemente excelente en lo privado. Alguien que ilustró y cuidó a las personas que lo rodean con tal de saciar su gran vicio: la amistad. Fue un segundo padre para mí y hoy me gustaría compartir un artículo que escribí para el libro "Desde aquel árbol que se mueve", publicado en 2010 con motivo del décimo aniversario de su desaparición. Es un pequeño homenaje con el que quise recordar su figura y su condición humana más íntima...